Todos estamos llamados a ser SANTOS
"Todos los seres humanos están llamados a la santidad que, en última instancia, consiste en vivir como hijos de Dios, en esa “semejanza” a Él, según la cual, han sido creados. Todos son hijos de Dios, y todos tienen que llegar a ser lo que son, a través del camino exigente de la libertad».
(S.S. Benedicto XVI, 1 de noviembre de 2007)
(S.S. Benedicto XVI, 1 de noviembre de 2007)
jueves, 29 de diciembre de 2011
lunes, 26 de diciembre de 2011
lunes, 19 de diciembre de 2011
lunes, 12 de diciembre de 2011
jueves, 8 de diciembre de 2011
domingo, 27 de noviembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
lunes, 21 de noviembre de 2011
martes, 4 de octubre de 2011
jueves, 18 de agosto de 2011
PADRE PIO Y LA MADRE DE DIOS
Padre Pio y la Madre de Dios. No se puede imaginar la vida del fraile de Pietrelcina sin Maria. Y muchas veces la Madre de Dios manifestó a Él, hasta acompañándolo al altar durante la Santa Misa celebrada en la iglesia de Santa Ana.
La Virgen de la Libre, venerada en la iglesia parroquial de Pietrelcina, ha representado indudablemente la primera referencia de la devoción Mariana del pequeño Francesco Forgione. Un culto que ha ido cada vez más desarrollándose en los años hasta volverse expresión de un extraordinario cariño de hijo.
"La Madonnella nuestra", así Padre Pio siempre llamará tiernamente a la protectora de Pietrelcina. Pero no está solo con este título que Maria es venerada por Padre Pio. También la Virgen del Rosario de Pompeya, y sucesivamente la Virgen de las Gracias de San Giovanni Rotondo y la Virgen de Fatima, serán al centro de un culto Mariano que reviste un papel peculiar en la espiritualidad del fraile franciscano.
Padre Pio siempre ha siguió con atención la Historia de las Apariciones de Fatima. Cuando la Madre de Dios apareció la primera vez a Lucia, Giacinta y Francesco a Cova da Iria, el joven fraile se encontró a Foggia. Él, luego, de S. Giovanni Rotondo siguió cuidadosamente el desarrollarse de las apariciones y sobre todo el mensaje que irradió de Fatima. Un hilo invisible unió Fatima con S.Giovanni Rotondo. La misma Armada Azul, movimiento internacional de ruego provocado por los mensajes Mariano de Fatima, se volverá, junto a su fundador, parte de la familia espiritual de Padre Pio.
En el 1959 llega a Italia, por un Peregrinatio Mariae organizado por el Comité Nacional Mariano, de que hacen parte entre los otros el cardenal Lercaro y don Gabriele Amorth, el famoso exorcista, ambos hijos espirituales de Padre Pio.
La estatua de la Virgen de Fatima llega directamente desde Cova de Iria y en Italia es llevada a visitar todas las capitales de provincia, en cada una de la que sería acogida y hospedada por un período que va de uno a tres días. S.Giovanni Rotondo parece por lo tanto predestinada a ser excluida por esta Visita privilegiada. Pero Justa la ciudad de Benevento, a través del arzobispo mons. Calabria, renuncia a un día para permitirle a Padre Pio de saludar la imagen de la Virgen de Fatima a que él es particularmente atado.
Misteriosamente, como por un Dibujo Divino, en cuanto el simulacro de la Bianca Señora de Fatima está sobre el suelo italiano, Padre Pio cae enfermo, golpeado por una grave pleuresía essudativa que, prolongándose a largo, del 5 de mayo le prohibe de celebrar la Santa Misa. La tarde del 27 de julio, él anuncia el principio de la novena "por la visita de la Mamá Celeste", y exhorta todos los fieles a prepararse a esta visita con cristiana renovación. Por todas las tardes, vuelve a llamar la alegría, la suerte, y "la gracia toda especial" de esta visita invitando los fieles en acoger dignamente la imagen de Maria.
La tarde del 4 de agosto, Padre Pio anuncia que faltan pocas horas a la visita de la Madre de Dios, invitando una vez más los hijos espirituales y los fieles a prepararse dignamente a este gran acontecimiento Mariano.
Por fin, el día mismo de la llegada, expresa así su alegría incontenible: "Dentro de pocos minutos la Madre de Dios estará en nuestra casa… Ampliamos nuestros corazones."
miércoles, 3 de agosto de 2011
lunes, 11 de julio de 2011
Novena a la Virgen del Carmen
Oraciones para cada día.
Por la señal, etc.
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios mío y Señor mío, postrado delante de vuestra Majestad Soberana, con todo mi ser, con toda mi alma y todo mi corazón te adoro, confieso, bendigo, alabo y glorifico. A ti te reconozco por mi Dios y mi Señor; en Ti creo, en Ti espero y en Ti confío. Me has de perdonar mis culpas y dar tu gracia y perseverancia en ella, y la gloria que tienes ofrecida a los que perseveran en tu amor. A Ti te amo sobre todas las cosas. A Ti confieso mi suma ingratitud y todas mis culpas y pecados, de todo lo cual me arrepiento y te pido me concedas benignamente el perdón. Pésame, Dios mío, de haberos ofendido, por ser Vos quien sois. Propongo firmemente, ayudado con vuestra divina gracia, nunca más pecar, apartarme de las ocasiones de ofenderos, confesarme, satisfacer por mis culpas y procurar en todo serviros y agradaros. Perdóname, Señor, para que con alma limpia y pura alabe a la santísima Virgen, Madre vuestra y Señora mía, y alcance por su poderosa intercesión la gracia especial que en este Novena pido, si ha de ser para mayor honra y gloria vuestra, y provecho de mi alma. Amén.
ORACIÓN INICIAL PARA TODOS LOS DÍAS
Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre también de los pecadores, y especial Protectora de los que visten tu sagrado Escapulario; por lo que su divina Majestad te engrandeció, escogiéndote para verdadera Madre suya, te suplico me alcances de tu querido Hijo el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la salvación de mi alma, el remedio de mis necesidades, el consuelo de mis aflicciones y la gracia especial que pido en esta Novena, si conviene para su mayor honra y gloria, y bien de mi alma: que yo, Señora, para conseguirlo me valgo de vuestra intercesión poderosa, y quisiera tener el espíritu de todos los ángeles, santos y justos a fin de poder alabarte dignamente; y uniendo mis voces con sus afectos, te saludo una y mil veces, diciendo: (rezar tres avemarías)
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Virgen santísima del Carmen; yo deseo que todos sin excepción se cobijen bajo la sombra protectora de tu santo Escapulario, que todos estén unidos a Ti, Madre mía, por los estrechos y amorosos lazos de esta tu querida Insignia. ¡Oh hermosura del Carmelo! Míranos postrados reverentes ante tu sagrada imagen, y concédenos benigna tu amorosa protección. Te recomiendo las necesidades de nuestro Santísimo Padre, el Papa, y las de la Iglesia Católica, nuestra Madre, así como las de mi nación y las de todo el mundo, las mías propias y las de mis parientes y amigos. Mira con ojos de compasión a tantos pobres pecadores, herejes y cismáticos, cómo ofenden a tu divino Hijo y a tantos infieles como gimen en las tinieblas del paganismo. Que todos se conviertan y te amen, Madre mía, como yo deseo amarte ahora y por toda la eternidad. Así sea.
DÍA PRIMERO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que fuiste figurada en aquella nubecilla que el gran Profeta de Dios, Elías, vio levantarse del Mar, y con su lluvia fecundó copiosamente la tierra, significando la purísima fecundidad con que diste al mundo a tu querido Hijo Jesús, para remedio universal de nuestras almas: te ruego, Señora, me alcances de su majestad copiosas lluvias de auxilios, para que mi alma lleve abundantes frutos de virtudes y buenas obras, a fin de que sirviéndole con perfección en esta, vida, merezca gozarle en la eterna. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA SEGUNDO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que por tu singular amor a los Carmelitas los favoreciste con tu familiar trato y dulces coloquios, alumbrándolos con las luces de tu enseñanza y ejemplo de que dichosamente gozaron. Te ruego, Señora, me asistas con especial protección, alcanzándome de tu bendito Hijo Jesús luz para conocer su infinita bondad y amarle con toda mi alma; para conocer mis culpas y llorarlas para saber como debo comportarme a fin de servirle con toda perfección; y para que mi trato y conversación sean siempre para su mayor honra y gloria y edificación de mis prójimos. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA TERCERO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que te dignaste admitir con singular amor el obsequio filial de los Carmelitas, que entre todos los mortales fueron los primeros que en tu honor edificaron un templo en el Monte Carmelo, donde concurrían fervorosos a darte culto y alabanza. Te ruego, Señora, me alcances sea mi alma templo vivo de la Majestad de Dios, adornado de todas las virtudes, donde El habite siempre amado, adorado y alabado por mi, sin que jamás le ocupen los afectos desordenados de lo temporal y terreno. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA CUARTO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para mostrar tu especialísimo amor a los Carmelitas les honraste con el dulce nombre de hijos y hermanos tuyos, alentando con tan singular favor su confianza, para buscar en ti, como en amorosa Madre, el remedio, el consuelo y el amparo en todas sus necesidades y aflicciones, moviéndoles a la imitación de tus excelsas virtudes. Te ruego, Señora, me mires, como amorosa Madre y me alcances la gracia de imitarte, de modo que dignamente pueda yo ser llamado también hijo tuyo, y que mi nombre sea inscrito en el libro de la predestinación de los hijos de Dios y hermanos de mi Señor Jesucristo. Así Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA QUINTO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para defender a los Carmelitas, tus hijos, cuando se intentaba extinguir la sagrada Religión del Carmen, mostrando siempre el amor y singular predilección con que los amparas, mandaste al Sumo Pontífice, Honorio III, los recibiese benignamente y confirmase su instituto, dándole por señal de que esta era tu voluntad y la de tu divino Hijo, la repentina muerte de dos que especialmente la contradecían. Te ruego, Señora, me defiendas de todos mis enemigos de alma y cuerpo, para que con quietud y paz viva siempre en el santo servicio de Dios y tuyo. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
SEXTO DÍA
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que para señalar a los Carmelitas por especiales hijos tuyos, los enriqueciste con la singular prenda del santo escapulario, vinculando en él tantas gracias y favores para con los que devotamente lo visten y cumpliendo con sus obligaciones, procuran vivir de manera que imitando tus virtudes, muestran que son tus hijos. Te ruego, Señora, me alcances la gracia de vivir siempre como verdadero cristiano y cofrade amante del santo escapulario, a fin de que merezca lograr los frutos de esta hermosa devoción. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA SÉPTIMO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que en tu santo Escapulario diste a los que devotamente lo visten, un firmísimo escudo para defenderse de todos los peligros de este mundo y de las asechanzas del demonio, acreditando esta verdad con tantos y tan singulares milagros. Te ruego, Señora, que seas mi defensa poderosa en esta vida mortal, para que en todas las tribulaciones y peligros encuentre la seguridad, y en las tentaciones salga con victoria, logrando siempre tu especial asistencia para conseguirlo. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA OCTAVO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que ejerces tu especial protección en la hora de la muerte para con los que devotamente visten tu santo escapulario, a fin de que logren por medio de la verdadera penitencia salir de esta vida en gracia de Dios y librarse de las penas del infierno. Te ruego, Señora, me asistas, ampares y consueles en la hora de mi muerte, y me alcances verdadera penitencia, perfecta contrición de todos mis pecados, encendido amor de Dios y ardiente deseo de verle y gozarle, para que mi alma no se pierda ni condene, sino que vaya segura a la felicidad eterna de la gloria. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
DÍA NOVENO
Comenzar con el acto de contrición y la oración.
ORACIÓN. ¡Oh! Virgen del Carmen, María Santísima, que extendiendo tu amor hacia los Carmelitas, aún después de la muerte, como piadosísima Madre de los que visten tu santo escapulario consuelas sus almas, cuando están en el Purgatorio, y con tus ruegos consigues salgan cuanto antes de aquellas penas, para ir a gozar de Dios, nuestro Señor, en la gloria. Te ruego, Señora, me alcances de su divina Majestad cumpla yo con las obligaciones de cristiano y la devoción del santo escapulario, de modo que logre este singularísimo favor. Así, Señora, te lo suplico humildemente, diciendo: Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, etc.
Pedir la gracia particular que se desee conseguir en esta Novena. Terminar con la oración final.
domingo, 15 de mayo de 2011
Alabanzas Marianas de los Santos Padres
Ave, alegría que deseamos.
Ave, exaltación del gozo de la Iglesia.
Ave, nombre que mana dulzura.
Ave, rostro que mana bondad divina.
Ave, morada de santidad.
Ave, Madre revestida de luz, que engendras al Sol sin ocaso.
Ave, Madre pura en santidad.
Ave, fuente saltarina de agua que lleva a la vida.
Ave, Madre misteriosa e inexplicable.
Ave, libro nuevo que encierra el nuevo mensaje de Dios.
Ave, alabastro que contienes la mirra de santidad que procede de Dios.
Ave, belleza que pregonas la riqueza de la virginidad.
Ave, criatura que llevas a tu Creador.
Ave, tú que contienes al que nadie puede contener.
Ave, tabernáculo de Dios y del Verbo.
Ave, la mayor santa de todas las santas.
Ave, Arca de la Alianza, que nos haces presente a Dios.
Ave, tesoro inagotable de vida.
Ave, diadema preciosa de los reyes piadosos.
Ave, gloria venerable de los Santos Padres.
Ave, nube luminosa, que derramas sobre nosotros el rocío espiritual y divino.
Ave, fuente llena de los dones de Dios.
Ave, llena de gracia, de quien nació el Sol de salvación.
Ave, que nos entregas a Cristo, Sol que llena de bondad la creación.
Ave, tú por quien brindan los trofeos.
Ave, tú por quien sucumben los enemigos.
Ave, salud de mi cuerpo.
Ave, salvación de mi alma.
* * *
Ave, flor de inmortalidad.
Ave, corona de castidad.
Ave, llena de gracia, arca de santidad y ramita de justicia.
Ave, María, plantada por Dios, que floreces como una flor incorruptible.
Ave, tú que, con el ritmo cadencioso de tus pasos, has pisoteado al diablo.
Ave, oh Esposa de Dios, que has puesto sobre nosotros el manto divino del perdón.
Ave, árbol con frutos de luz.
Ave, bosque con ramaje abundante, donde vienen muchos a protegerse.
Ave, tú que llevas en tu seno al guía de los extraviados.
Ave, satisfacción del Juez supremo.
Ave, reconciliación de muchos pecadores.
Ave, corona de confianza para los desposeídos.
Ave, amor que supera todo deseo.
Ave, Madre del Cordero sin mancha y de la Piedra angular de la Iglesia.
Ave, llena de gracia, verdadero incensario de oro.
Ave, tesoro de pureza, sacratísimo y sin mancha alguna.
Ave, nube resplandeciente del Espíritu vivificante.
Ave, que traes la lluvia de la misericordia, que empapa todo lo creado.
Ave, que nos das el Verbo de Dios para atraer a los extraviados.
Ave, Madre del que viene a reconciliarnos entre nosotros y con Dios.
Ave, llena de gracia, esperanza de los nacidos en la tierra.
Ave, que has transformado el dolor en gozo.
Ave, llena de gracia inmaculada.
Ave, que has dispuesto para la sepultura al Cordero de Dios.
Ave, llena de gracia gozo del alma.
Ave, buena mediadora de todos los pecadores.
Ave, llena de gracia, refugio admirable y compasivo.
Ave, tu que eres contemplada como la hermosura más grande y excelsa.
* * *
lunes, 14 de marzo de 2011
miércoles, 16 de febrero de 2011
Novena a María del Buen Amor
Esta novena fue escrita por el Padre Claudio Bert, párroco de la Capilla del Sanatorio San José.
El día de la Virgen del Buen Amor es el 25 de febrero.
El día de la Virgen del Buen Amor es el 25 de febrero.
Oración a María del Buen Amor
Salve, Santa María, Madre del Verbo encarnado: María del Buen Amor.
Alabamos, veneramos y bendecimos tu dulce Nombre, María, ya que fuiste ungida por el buen amor del Espíritu Santo en el preciso instante de tu concepción.
Por el buen amor que el arcángel Gabriel te anunció, y que tú supiste entrañar en el tabernáculo de tu corazón virginal…
Por el ben amor que Dios te prodigó, mientras contemplabas en silencio al divino Niño recostado en el pesebre…
Por el buen amor que te inspiró salir al encuentro de Isabel, tu prima, donde pusiste melodía de alabanza feliz al Magnificat de la encarnación…
Por el buen amor que en el misterio de Nazaret acompasó las horas y los días en que tú cuidaste el fruto bendito de tu vientre…
Por el buen amor que quisiste compartir en las bodas de Caná, cuando interpusiste tu maternal mediación entre la omnipotencia de tu Hijo y las carencias de otros, que más tarde serían tus hijos…
Por el buen amor que te sostuvo de pie junto al misterio de la Cruz de tu Bendito Hijo moribundo…
Por el buen amor con que acariciaste piadosamente el Sacratísimo Cuerpo de tu Hijo, cuando lo bajaron del leño de la cruz…
Por el buen amor que cicatrizó la herida de tu Corazón traspasado, cuando recibiste el abrazo pascual de tu Hijo resucitado…
Por el buen amor de Dios que te revistió de luz y belleza, cuando tu Hijo, el Rey de la Gloria, te coronó como Reina de los Cielos…
Salve, Santa María del Buen Amor: en ti y en tu Hijo, en toda circunstancia, confiamos y esperamos recibir aquellas gracias que hoy imploramos en tu presencia. Amén.
Autor: Padre Claudio Bert
jueves, 3 de febrero de 2011
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